Plasma rico en plaquetas (PRP): ¿qué es y cuándo funciona mejor? (copia)
El plasma rico en plaquetas no es magia ni sirve para todo. Es biología aplicada, y funciona cuando está bien indicado. En los últimos años se ha hablado mucho del PRP, a veces con expectativas poco realistas, así que vale la pena explicar con claridad qué es, para qué patologías hay evidencia y qué se puede esperar de él.
En este artículo te explico en qué consiste el tratamiento, cómo se aplica, dónde aporta beneficio y dónde conviene ser prudente.
¿Qué es el plasma rico en plaquetas?
El PRP es un concentrado biológico obtenido de tu propia sangre. Las plaquetas, además de intervenir en la coagulación, contienen factores de crecimiento: proteínas que participan en los procesos de regeneración del organismo.
La idea del tratamiento es sencilla: concentrar esas plaquetas y llevarlas directamente a la zona lesionada para ayudar a reducir el dolor y mejorar la función. No introduce nada externo; aprovecha los recursos de tu propia biología.
¿Cómo se obtiene y se aplica?
El proceso es ambulatorio y se realiza en la consulta:
Extracción. Se toma una muestra de sangre, como en un análisis convencional.
Centrifugado. La muestra se centrifuga para separar sus componentes y obtener un concentrado de plaquetas superior al de la sangre normal.
Infiltración ecoguiada. Ese concentrado se infiltra directamente en la zona lesionada. En nuestra consulta del Hospital Hm Málaga, la infiltración se realiza siempre con control ecográfico usando un ecógrafo de alta resolución: ver la aguja y la estructura a tratar en tiempo real es clave para depositar el PRP exactamente donde tiene que actuar. De poco sirve un buen concentrado si no llega al punto correcto.
Suelen pautarse una o varias sesiones según el caso. Al tratarse de un producto del propio paciente, el riesgo de reacción es extremadamente bajo.
¿Para qué funciona?: indicaciones con evidencia
La evidencia científica respalda mejor el uso del PRP en:
Artrosis leve-moderada de rodilla, para aliviar el dolor y mejorar la función.
Epicondilitis (el llamado codo de tenista).
Fascitis plantar.
Determinadas tendinopatías que no responden al tratamiento habitual.
Aun así, según mi experiencia clínica, el PRP también ofrece mejoría de los síntomas en otras patologías del aparato locomotor, siempre valorando cada caso de forma individual.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico empieza por una buena conversación para conocer la historia clínica y una exploración física: cómo caminas, qué movimientos te duelen, cuánta movilidad conservas. Una radiografía simple suele ser suficiente para confirmarlo y valorar el grado de desgaste. En casos seleccionados puede ser útil una resonancia.
Un principio me guía siempre: trato al paciente, no a la imagen. Una radiografía con desgaste no implica necesariamente cirugía, igual que un dolor importante puede coexistir con cambios discretos. Lo que decide el abordaje terapéutico es cómo el problema afecta a tu vida diaria.
¿Qué esperar? (y qué no)
Conviene tener expectativas realistas:
Sus efectos son progresivos. Al actuar sobre procesos biológicos, la mejoría aparece a lo largo de las semanas siguientes, no de un día para otro.
El objetivo es sintomático: reducir el dolor y mejorar la función. No "regenera" una articulación desgastada ni sustituye a la cirugía cuando esta es necesaria.
No funciona en todos los casos. Un PRP mal indicado resulta inútil y genera falsas expectativas; e incluso con una indicación adecuada, la biología de cada persona influye y a veces la mejoría no llega pese a haberlo hecho todo bien. Conviene saberlo de antemano.
Buena parte del resultado depende de seleccionar bien al paciente, la patología y la técnica de infiltración, aunque la respuesta individual algunas veces tiene la última palabra.
El papel del criterio clínico
El PRP es una herramienta más dentro de un abordaje escalonado, no un atajo. Antes de proponerlo, conviene una valoración completa: qué patología hay, en qué fase, qué se ha probado ya y qué expectativas son razonables.
Ese criterio —indicar el PRP cuando aporta y descartarlo cuando no— es lo que marca la diferencia entre un tratamiento útil y uno que solo genera gasto y decepción.
Preguntas frecuentes
¿Es doloroso el tratamiento con PRP? Las molestias son similares a las de una extracción de sangre y una infiltración. Suelen ser leves y pasajeras.
¿Cuántas sesiones necesito? Depende de la patología y de la respuesta. En unos casos basta con una sesión y en otros se pautan 3 separadas en el tiempo.
¿Cuándo notaré mejoría? La mejoría es progresiva y suele apreciarse en las semanas posteriores, no de forma inmediata.
¿El PRP sirve para la artrosis de cadera? La evidencia es más sólida en la rodilla que en la cadera. En cadera puede valorarse en casos concretos, siempre explicando qué se puede esperar.
¿Tiene riesgos? Al usar tu propia sangre, el riesgo de reacción local es muy bajo. Como toda infiltración, requiere una técnica adecuada.
¿Quieres saber si el PRP es una opción para tu caso? La clave está en una buena indicación. Pide tu cita de valoración en Málaga y lo estudiamos de forma personalizada.
Sobre el autor
Dr. Carlos Ferrer Señoráns — Especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología en Málaga, con dedicación a la preservación articular, la ortobiología y la cirugía mínimamente invasiva. Conoce mi trayectoria.